Hacia una épica minimalista. Las pequeñas conquistas construyen un gran reino.
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martes, 23 de octubre de 2012

El sueño apocalíptico de los Krakens

"Ayer me levanté sobresaltado habiendo tenido uno de los sueños más extraños que recuerdo. Normalmente, suelo darme la vuelta y se me olvida pero esta vez me levanté y lo apunté todo con el máximo lujo de detalles que pude. En este sueño me veo a mi en tercera persona, como si llevara una cámara:

Estoy yo en la Universidad Autónoma de Barcelona un día soleado cuando un enorme Kraken con sus inmensos tentáculos aparece de alguna extraña piscina en medio de no sé exactamente dónde. El kraken es un monstruo terrible que el primer día se come a la gente y por si fuera poco tiene poderes psíquicos con los que mata a la gente a distancia. Vivo estos momentos con mucha ansiedad porque tengp muy claro que no puedo escapar.

El segundo día reaparezco y esta vez yo salí corriendo hacia mi casa, sudando durante muchos kilómetros. Se que es el fin y que me puede matar igual a distancia como si me persiguiera a mi solo porque soy peligroso para él. Esa sensación permanece todo el sueño. Me preguntó porqué no sale nada en las noticias o cuando aparecerá el ejército con sus tanques.

Entonces llego a la persiana del bar chino de mi casa como en el estado que estaba hace quince años cuando era un niño, es decir, cerrada y sin ser un bar. Ahí está mi amigo Pedro con sus apuntes de la universidad como si nada. Le coment que me quiero ir de Erasmus y él me responde que también pero que tengo que juntar mis experiencias y hacer unas pruebas físicas que implican natación y no se qué más. Yo me desespero aun más porque soy malo para estas cosas, pero entonces aparece al lado mi viejo enemigo Carlos Herranz que está cuadrado y ya ha estado de Erasmus afirmando que no hay que hacer pruebas físicas.

Entonces me voy en busca de refugio a mi instituto, Ferran Casablancas, sin ni siquiera haber pasado por casa y ya es de noche. Espero encontrar profesores que me protejan y me expliquen que pasa. Y claro, está cerrado. Entonces sigo caminando solo en la oscuridad hasta el Bosque de la Concordia y cada vez más aterrorizado. El bosque se convierte de pronto en un camino solitario y muy estrecho desde el que apenas se ve ya la ciudad y hay mucho peligro de caerse por el barranco, casi como un peñasco. Camino solo por ese sendero tan estrecho y lleno de curvas durante un rato y al final me siento en el suelo.

De pronto estoy en una isla en el mar y empieza a amanecer pero todavía está bastante oscuro. Alrededor mío, en el agua veo unas sombras de dos pulpos/krakens del tamaño de personas que me rodean en la isla. Me siento muy acorralado y solo y entonces aparece la voz en off de Robin Williams y una música a mi alrededor estilo chill out. Entonces Robin Williams, a quien no veo pero extrañamente sé que es él, me dice que lo de los krakens es normal y que la Generalitat lo permite. Entonces los dos krakens surgen del agua y son dos mujeres de Tahití cabezonas (cabeza-pulpo), rasgos afroasiáticos, que con sus tentáculos me acarician.

Volviendo a casa me sigo preguntando porque la tele no informa y me despierto."

Por extraño que parezca me gustaría explicar más sueños como éste y me he propuesto escribirlos todos en cuanto me despierte. Me resulta muy interesante analizarlos y preguntarme que deben significar los krakens...

lunes, 15 de octubre de 2012

Escarcha mental never dies



Prefigurándome


"Escarcha mental nació una noche en un banco en medio de una plaza. Nació en el frío y en la oscuridad. El nombre no gustaba a nadie. Parecía absurdo. Y luego fue algo demasiado constitutivo de sus integrantes. Demasiado cierto. Su creador fue un tipo que quería realizar una empresa conjunta con dos amigos. Se trataba de hacer algo creativo e interesante que recalentase espíritus apagados. Queríamos resucitar a los muertos empezando por nosotros mismos: una idea funesta, fáustica e increíble. Una producción personal y al mismo tiempo en equipo.

La escarcha mortal despuntaba en nuestras palabras y en nuestros actos como una hoja afilada y punzante cuya naturaleza era necesariamente lacerante. Tres hojas frágiles, volubles y vulnerables. Espadas mal templadas, melladas y sin vigor. Puntas ennegrecidas, bordes redondeados y quebradizos. Pero cuando se juntaban se abrigaban mutuamente, burlaban durante un tiempo el descenso de las temperaturas. Se refugiaban el uno en el otro de la intemperie, de esa fina capa de hielo que cubre el ánimo y lo apaga en una gélida mazmorra cuyos pequeños trozos son tan bellos como cortantes. Ese cascarón que era la escarcha mental reaparecía en el silencio de la soledad. Salir al exterior implicaba cortarse con el filo del propio huevo roto, desnudarse, exponerse y vivir la muerte. Y esa membrana dura y traslúcida era reblandecida por la compañía del amigo. La palpitante llaga era entonces soportable arañazo, una manta árida que arropaba y una brisa cálida que reconfortaba en el vacío mutuo.

Después de un tiempo de saberse desnudo, lo que te abre los ojos te deja desnudo, uno se olvida y se vuelve a creer vestido, protegido. Pero no es así. Y es esa fe, esa esperanza titilante y tenue, la que nos hace levantarnos cada mañana y creer que el nuevo día, soleado o lluvioso, será mejor. Y nosotros así también somos más fuertes. Esa esperanza no se apaga, porque es muy débil y no destaca. Y nadie la destruye porque es humilde. Tan poco se ve que nadie se acuerda. Igual que cuando cierras los ojos puedes crear luz en tu mente aun cuando estés ciego.

Yo, el Fénix, uno pequeño, muy pequeño aun, me enciendo con esa pequeña llama llamada esperanza. Echo el vuelo cada mañana deshaciendo el hielo de la escarcha que abriga mi mente por la noche, en la cama donde el pensamiento oscurecido niega, cierra y apaga. Y en cuanto mis alas se abren un viento las aviva y cobran fuerza. Está amaneciendo y con los primeros rayos de la mañana escarcha mental ya apenas es lo que fue. Ahora corre como agua tebia semiderretida por las humeantes brasas de mi flamígera cabellera. A veces aun escuecen los recuerdos y el fuego tarda en encenderse. Parece que cuesta volar en algunos días de tormenta pero los azotes del cielo ya no me derriban nunca del todo. Siempre será difícil ser libre y no tener miedo.

Por eso escarcha mental nunca muere."

Extraído de escarchamental.blogspot.com

martes, 29 de mayo de 2012

Gerontorevolución en Unnim

Ayer entraba yo en Unnim a cobrar un cheque. Era una tarea sencilla y aburrida en un día ardiente e insoportable. Cuando entré en la caja me encontré con unas veinticinco personas formando una cola informe. Entre todas ellas bien podrían sumar tres milenios de ancianidad. Pregunté quién era el último y resultó que nadie estaba muy seguro de saber detrás de quien iba. La gente se iba y volvía constantemente entre carraspeos y resoplidos cansinos y rabiosos.
Alguien preguntó: ¿Qué hace tanta gente aquí? ¿Nos regalan algo?
- Sí...- respondió su amiga con ironía.
- Más bien nos están robando.
Otro hombre me preguntó lo mismo a mi:
- Es fin de mes.- le contesté con humor porque a todo esto yo no podía parar de reírme ante los personajes y comentarios que no dejaban de aparecer. Era como una obra de teatro absurdo-. Será por eso digo yo.
A este hombre le debí caer simpático porque al poco me contestó que se iba y me dio unas amables palmaditas en el hombro.
Cada cinco minutos exactos una octogenaria furibunda chillaba lo siguiente: ¡Niña! ¡Venga ya! ¿Qué pasa?
Y luego a su lado había un hombre con la nariz rota que tenía aspecto de viejo pirata luchador de mil batallas: ¡Me voy que podemos estar aquí hasta las 6 de la tarde!- tras pasarse más de una hora refunfuñando con toda la cola.
La cajera, la única que había, hacía caso omiso de toda esta masa de refunfuños decimonónicos con la única excusa, paciente, muy paciente, de que la impresora se le había estropeado.
En fin, al cabo de medio hora yo también me fui bastante animado ante estas experiencias de lo más cómicas en un lugar cualquiera. No he visto ancianos más belicoseros y simpaticones en mucho tiempo y cada día tengo más claro que como educador social me quiero dedicar a trabajar con ellos.

jueves, 12 de abril de 2012

Enseñanzas de Esopo

Las cabras monteses y el cabrero, de Esopo (fabulista griego del s. VI a.C)

"Llevó un cabrero a pastar a sus cabras y de pronto vio que las acompañaban unas cabras monteses. Llegada la noche, llevó a todas a su gruta. A la mañana siguiente estalló una fuerte tormenta y no pudiendo llevarlas a los pastos, las cuidó dentro. Pero mientras a sus propias cabras sólo les daba un puñado de forraje, a las monteses les servía mucho más, con el propósito de quedarse con ellas. Terminó al fin el mal tiempo y salieron todas al campo, pero las cabras monteses escaparon a la montaña. Las acusó el pastor de ingratas, por abandonarle después de haberlas atendido tan bien; mas ellas le respondieron:
 -- Mayor razón para desconfiar de tí, porque si a nosotras recién llegadas, nos has tratado mejor que a tus viejas y leales esclavas, significa esto que si luego vinieran otras cabras, nos despreciarías a nosotras por ellas."

Algo ya bien aprendido

martes, 17 de enero de 2012

Desencanto

"Salió hacia el exterior y se detuvo en el jardín. La tarde ya caía sobre una calma mortal y silenciosa que creó un enorme vacío en su interior y le acongojó. Pronto unas solitarias lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas sin drama. Los rayos de sol vespertinos bañaron su piel y el leve calor le hizo sentir algo reconfortado, pero pronto el otoño enfrió sus extremidades. Le gustaba sentir el cálido sol en la cicatriz e imaginar que así se cerraba y se dejó absorber por esta fantasía mientras relamía la sal de las lágrimas ya detenidas. Observó las alargadas nubes como dedos sonrojados por el sol y las más gruesas perfiladas en oro avanzar lentamente en el cielo. Apoyó su espalda sobre un ciprés, relajó sus miembros y permaneció allí un rato dejando errar su pensamiento cansado y apático. 
Entonces, cuando el sol ya había desaparecido prácticamente de la cordillera Baco, sobre las copas de los pinos del Bosque Profundo cuyas ramas más altas acariciaban los últimos rayos, algo se dibujó. Parecía una ilusión, una proyección, como un arco iris que se iba aposentando sobre el bosque cada momento con mayor solidez. Unos gigantescos huesos entraban y salían de entre los árboles confundiéndose con ellos. Aquellos huesos, identificó Draya, eran solo la cola y parte de las alas de su padre que abrazaban la naturaleza para ensalzarla. Sintió una atracción irreprimible, como si la propia osamenta le invitara a formar parte del espectáculo natural. Desprendía un aura irresistible. La hiedra y el musgo habían hecho su nido sobre el cadáver de su padre y el sol lo barnizaba en cobre creando la sensación de estar enfrente de una majestuosa ruina dadora de vida. Y sin haber sido consciente de sí mismo se adentró en el bosque.
Al dar el primer paso bajo los irreales árboles, éstos se ensombrecieron y el paisaje desapareció como borrado por una ráfaga de aire gélido. Ya era de noche."

Fragmento de mi Proyecto 4

miércoles, 12 de octubre de 2011

Audaces fortuna iuvat

Este proverbio latino que algunos dicen que se remonta a Homero es una de mis frases o máximas favoritas y podría ser otro buen emblema para este blog.

Ayer fui a cenar con unos compañeros de clase y tras una velada sosa, corta y decepcionante me senté a esperar mi autobús en la parada durante una hora. De entrada creía que sería la mitad, pero no hubo suerte. O eso pensé al principio. Las circunstancias pueden cambiar en cualquier momento, a veces solo hay que saber darles un empujoncito. Yo estaba ahí sentado escuchando un repertorio de música bastante escuchada en un entorno en el que la gente iba y venía de fiesta con sus modelitos. Ni que decir tiene que fue una buena ocasión para practicar el paisajismo femenino. Y por si alguien no se fijó ayer había luna llena, que siempre tiene su especial encanto. Tal fue así, que de entre la feminidad en manifestación una joven de unos veinte años se sentó a mi lado en la parada del bus, como tantas otras veces en mi vida de pasajero de autobús.

Los minutos fueron pasando eternos y me preguntaba cuando iba a llegar mi autobús aunque yo ya sabía que aun tardaría un rato. Así que me dio por preguntárselo, fuera a ser que también viviese en Sabadell y supiera cuanto iba a tardar y si iría en el mismo bus que yo. No fue el caso, pero aunque lo fuera tan solo esperaba una lacónica y seca respuesta. Tampoco fue el caso, sino que se levantó y lo fue a mirar por mi. Este tipo de buenos actos suelen realizarse por gente mayor pero no por jóvenes machos en celo como yo. Además de guapa, amable. Solo faltaba saber si era inteligente y tendríamos un pleno al quince. No lo comprobé enseguida, sino que tan solo me aclaró mis dudas y nos volvimos a sentar en silencio. Pero obtuve ayuda del Estado. Pasó una de esas máquinas que lavan calles con una mujer con muy mala sombra que se disponía a regarnos con una manguera a presión sí o sí. Ante el enemigo, unión, claro está. Y tras levantarnos para evitar ser duchados y quejarnos sobre su falta de aviso y que nos dejara los bancos mojados, la conversación fue rodada. Conecté mejor con una desconocida que con cualquiera de los dieciséis compañeros que habían cenado y bebido conmigo.

Llegados a este punto ya solo me quedaban quince minutos antes de que llegara el autobús, sin ser nada consciente de ello, y aprovechamos para conocernos un poco mejor. Yo no le puse al principio especial entusiasmo porque sabía que lo más probable es que no la volviese a ver, pero su interés en mi fue creciendo y comenzó a hacerme preguntas de forma que yo no esperaba. Antes de que me diera cuenta ya tenía ahí el autobús, me despedí, la agradecí la buena conversación y me fui. Pero mientras estaba en la cola del autobús me dije: "¡Qué demonios! ¿Qué pierdo por pedirle el teléfono?" Y me acerqué y lo hice con el objetivo de volverla a ver. Ella se mostró reacia y temerosa al principio, y aunque no me lo dio tampoco quería no volver a saber de mi y al final le dejé mi correo tras confirmar que no tenía facebook (horror de los horrores). Cuando estaba de vuelta en el autobús tuve la certeza de que no me diría nada y que debería haberle pedido yo su correo, pero esta mañana me he llevado una grata sorpresa.

Probablemente, a muchos les parezca que esta experiencia es banal e intrascendente, casi triste por intentar darle importancia y fácilmente no llegue a ningún lado. Y puede que tengan razón. Yo siempre creo que una oportunidad, por pequeña que sea, es mejor que nada. Las oportunidades aparecen o se crean si se es valiente. Y solo si se es valiente se puede tener verdadera buena o mala suerte. Pero en mi blog las conquistas son minimalistas y con muchas se construye algo verdaderamente grande. Esa es mi verdad. Y, una vez más, no siempre conseguimos lo que queremos, pero si lo intentamos, conseguimos lo que necesitamos.

En cualquier caso, lo que he aprendido hoy es que si no estás dispuesto a hacer el ridículo, nunca te pasará nada maravilloso.

miércoles, 6 de julio de 2011

La llamada de la luna

“-¿Y cuando será el incendio?- escribió buscando provocar al lector desde el principio.
El folio era un océano de pureza desértica en su sombrío escritorio. Se encendió un cigarro y miró por la ventana mientras jugueteaba con el mechero entre sus dedos. La luna desprendía un resplandor bermejo que bramaba en la negrura. A su alrededor, reinaba un silencio tan vacuo como el abismal papel que se extendía ante él.
De pronto, un impulso maníaco le hizo enganchar el folio a la ventana. Volvió a formular de nuevo la pregunta: “¿Y cuando será el incendio?” Y el mechero se encendió solo. La llamada de la luna se convirtió en una sedienta provocación incontrolable que reclamaba ser brutalmente saciada. El inexperto escritor blandió su mechero encendido y lo sacudió dando flamígeros latigazos por toda la habitación.”

Escrito e inspirado en el día de la luna roja.

miércoles, 15 de junio de 2011

Zombie enamorado

Tal vez si hubiera preguntado dónde, ahora no tendría que buscarla por todos los parques de Barcelona. La conocí mientras hacía de extra en un cortometraje sobre zombis. Era ella la joven perseguida y yo un vulgar muerto de entre una multitud de descerebrados. Pero finalmente fui el único que tuve cerebro para pedirle de salir.
-Voy a menudo a leer a un parque de Barcelona por la tardes.- me dijo sonriente mientras se acariciaba tímida el pelo.
Ayer le envié un mensaje para reunirme con ella. Y me dijo que me esperaba. No me dijo en cuál.